(Trad. C. Iliescu)
Llevaban un montón de tiempo conviviendo.
Y habían empezado a repetirse un poco:

Él era ella,
Y ella era él.

Ella era ella,
Y él, era ella también.

Ella a veces era o no era,
Entonces él llegaba a ser ellas,
O algo así, por el estilo.

Por la mañana sobre todo,
Hasta que conseguían terminar de deslindarse
Quién era quién,
Dónde empezaban y dónde acababan,
¡Por qué así y no de otro modo,
Perdían un sinfin de horas!
Pasaba el tiempo como por un río llevado,

Trataban hasta de besarse a veces,
Pero de pronto descubrían,
Que ambos eran ella.
Más fáciles de repetir.

Y asustados, se ponían, pues
A bostezar.
Era un bostezo así,
De lana suave
Que hasta se podía tricotar
De la siguiente forma:
Una de ellas bostezaba muy atenta,
Mientras la otra sujetaba el ovillo.

(Trad. C. Iliescu)
Vuelves a casa un poco desgastado
Pero satisfecho.
Satisfecho como un billete de tranvía
Presentado ante el revisor
Y perforado exactamente

Donde se debe.
Has estado desovillándote con generosidad
Durante todo el día
Y ahora te repliegas poco a poco
Y estás esperandote a tí mismo,
Volver de atrás.
Y vuelves, y vuelves desde todos los lados
Como un tren de mercancías vacío,
Vuelves y nunca te acabas.

Ha sido un día como todos los demás,
Lleno de logros.
Nada más llegar a la oficina,
Has empezado a desplegar tu actividad
Sobre mesa, sillas, teléfono, y demás objetos circundantes,
Especialmente habilitados para ello.

También te has enfrentado a otras tareas:
Has pedido y ofrecido cigarrillos,
Has estrechado manos con al menos cien conocidos
Adelantándote con la pregunta "¿Cómo estás?"
Antes de que ellos pudieran preguntártelo a tí,
Consiguiendo de esta manera
Colocarles en una posición de inferioridad
Y por supuesto, has hablado durante todo el día,
Con normalidad, dentro de los límites
Del Diccionario de la Lengua Rumana Contemporánea,
Aproximadamente unas cinco mil palabras.

Y ahora, mientras recoges el óxido
De la llave olvidada en el bolsillo,
Constatas que las piedrecitas que te han entrado en los zapatos,
También se te han deslizado una tras otra, dentro del alma.
Y siguen allí, con su extraño tintineo
De modo que, tus hijos tendrán
Otro juguete más para sacudir.

Hasta tus nervios que hoy
Se han retorcido de forma tan artística,
Podrán ser gloriosamente utilizados,
Como sonaja para la nueva cometa de papel.
Dentro de unos minutos, la cometa
Se alzará alegre por encima de tu casa,
Indicándole al Cosmos que a pesar de todo,
En la tierra hay vida,
Que está aprovechada al máximo.

(Trad. C. Iliescu)
Entre los ideales de los humanos,
Y su realización
Siempre existirá una diferencia de nivel
Que supera la más alta cascada.

Se puede, sin embargo,
Utilizar de forma racional,
Esta caída de esperanzas
Construyendo algo así como una Central Hidroeléctrica.
Con la energía obtenida de este modo,
Si bien no podemos sino encender nuestros cigarrillos,
Algo es algo, pues mientras fumamos,
podemos pensar seriamente
En unos ideales aún más grandiosos.

(Trad. C. Iliescu)
Shakespeare creó el mundo en siete días.

En el primero hizo el cielo, los montes y los abismos del alma.
El segundo día hizo los ríos, mares, océanos
Y demás sentimientos ---
Y se los ofreció a Hamlet, Julio César, Antonio, Cleopatra y Ofelia,
A Otelo y a otros,
Para que los dominaran ellos y sus descendientes
Por los siglos de los siglos.
El tercer día congregó a todos los hombres
Y les enseñó los gustos:
El gusto de la felicidad, del amor, del desconsuelo
El gusto de los celos, de la gloria, y siguió así
Hasta que se acabaron todos los gustos.

Luego aparecieron unos indivíduos que habían llegado tarde.
El Creador les acarició, compasivo la cabeza,
Y les dijo que no les quedaba otra cosa sino hacerse
Críticos literarios
Y contestar su obra.
Reservó el cuarto y el quinto día para la risa.
Soltó a los bufones
Con sus cabriolas
Y dejó a los reyes, emperadores
Y a otros infelices que se divirtieran.
El sexto día resolvió algunos problemas administrativos:
Urdió una tempestad,
Y enseñó al rey Lear
A llevar corona de paja.
Quedaban unos cuantos desechos tras la Creación
Con los que forjó a Ricardo III.
El séptimo día se dedicó a comprobar si le quedaba algo por hacer.
Los directores de teatro ya tenían la tierra llena de carteles,
Y pensó Shakespeare que tal vez merecía después de toda su fatiga
Ser simple espectador por una vez.
Pero antes de nada, puesto que estaba cansado sobremanera,
Se fue a morir un rato.

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